Los niños de la resistencia palestina

31/May/2018

PorIsrael- por Bryan Acuña (Wall Street International Magazine)

Los niños de la resistencia palestina

Durante las protestas del 14 de mayo en la
Franja de Gaza, donde murieron 62 palestinos, incluyendo 50 miembros de la
agrupación islamista Hamás y otros 3 partidarios de la Yihad Islámica
Palestina, se sumó a la lista la niña de 8 meses Leila al–Ghandour, la cual
habría fallecido por inhalación de supuestos gases lacrimógenos lanzados por el
Ejército de Israel contra los manifestantes. Mientras el portavoz del
Ministerio de Sanidad palestino Ashraf al Qedra señalaba a la cadena
internacional EFE, que por ahora, no saben si considerarla o no «mártir»,
porque no están seguros de que la niña hubiese muerto producto de esta
circunstancia.
De comprobarse, el Hamás que dirige la
Franja de Gaza desde hace más de una década tendría que pagar una indemnización
mensual a la familia al – Ghandour por la muerte de la pequeña: la misma se
podría calcular en al menos US$3.000. La fotografía de la niña muerta en brazos
de su madre, ya se ha hecho viral y ha impactado una vez más a la opinión
pública.
La niña se ha transformado en el emblema de
la denominada Marcha del Retorno Palestino que arrancó el 30 de marzo anterior
con la llamada Día de la Tierra Palestina y con la cual han procurado romper la
valla de separación fronteriza entre el Estado de Israel y el enclave costero
de Gaza, en una inversión cercana a los $10 millones que ha puesto el grupo
islamista para esta empresa, que incluye el traslado de manifestantes y
milicianos de su agrupación para causar disturbios en la zona. A pesar de que
se presenta como una «manifestación pacífica», lo cierto del caso es que se han
dado lanzamiento de piedras, quema de neumáticos con el fin de tapar la
visibilidad para los que cuidan la frontera y así intentar penetrar en territorio
israelí, sumado al uso de bombas incendiarias y hasta el lanzamiento de cometas
con material inflamable que cae en zonas agrícolas.
El 14 de mayo las protestas llegaron a un
clímax de violencia, coincidiendo con la apertura oficial de la embajada
estadounidense en Jerusalem, el mismo día que se celebra según el calendario
gregoriano los 70 años de independencia de Israel, y al día siguiente se
conmemoraba la denominada Nakba palestina planteada desde 1998 como la fecha en
que recordarían la salida forzada de 750.000 árabes palestinos de la región
durante la guerra de 1948 – 1949 entre Israel y otros siete Estados árabes.
Regresando al caso al – Ghandour, resulta
imperioso preguntarse qué motivó a los padres de esta niña a llevarla a una
zona de combate, donde se conocía de antemano que los niveles de violencia se
iban a disparar y por lo tanto los resultados serían nefastos. Si bien las
propias autoridades de Gaza no le dan el veredicto final a la autoría israelí
de los hechos, para la opinión pública una vez más la utilización de niños como
símbolos de la «resistencia palestina» les da réditos sorprendentes.
Uno de los símbolos infantiles de la lucha
palestina en el siglo pasado fue el niño Mohammed Al – Dura de 12 años que
habría fallecido según fuentes del momento (un único camarógrafo filmando el
evento) por fuego cruzado entre israelíes y palestinos (las últimas
investigaciones señalaron que si bien Israel asumió la autoría de la muerte por
el calor del momento no hay pruebas suficientes para determinar que los
disparos provinieran de armas israelíes y algunos dudan siquiera que haya
muerto, ya que no se permitió nunca realizar una autopsia al cuerpo de la
víctima).
Previo al adolescente Al – Dura, en los
años 80 se hizo popular la imagen de un joven niño palestino lanzando piedras
contra un tanque israelí, durante la Primera Intifada, creando la imagen
general del conflicto; sobreexplotada por los medios, como una guerra de
«tanques contra piedras».
En las guerras entre Israel y el Hamás de
este siglo, se hizo común el uso de cadáveres de niños para presentarlo a la
prensa como parte de las víctimas de los enfrentamientos militares. En
ocasiones se mostraba varias veces el mismo cadáver con el fin de que los
corresponsales que venden las historias a los medios occidentales tomaran
fotografías para dejar en «evidencia» los actos criminales de los israelíes. A
esta práctica el académico de Harvard, Alan Dershowitz le denominó la
Estrategia del bebé muerto, donde el uso de zonas civiles para ocasionar la
mayor cantidad de muertos posibles, les favorecería para la propaganda
mediática contra Israel, contemplando además la cantidad de medios de
comunicación que cubre la zona.
Un último ejemplo de uso de los niños para
propaganda mediática palestina, fue la joven Ahed Tamimi del pueblo de Nabi
Saleh quien fuera arrestada luego de haber agredido a un soldado israelí. La
niña Tamimi proviene de una particular familia con promotores y perpetradores
de atentados terroristas, además de una larga lista de vídeos virales de
actividades de provocación contra soldados apostados en la zona, lo que se ha
denominado como parte de la estrategia de Pallywood palestina.
En todos los casos mencionados
anteriormente hay varios elementos importantes a destacar. Existe una
predisposición mediática a señalar los actos de Israel como crímenes atroces,
no se cuestionan mucho la razón por la que hay poblaciones vulnerables en actos
de violencia como estos, y de seguro que de morir niños, mujeres, ancianos o
personas con algún grado de discapacidad la elevada presencia de medios y
corresponsales serán virales en un corto tiempo.
No existe este mismo nivel de crítica
social a otros conflictos en las regiones cercanas. Ni siquiera en los
principales buscadores web se le da tanto énfasis a lo que ocurre en otras
regiones como sí pasa con lo acontecido las últimas semanas en la frontera Gaza
– Israel, esto se explica a la alta exposición mediática que tiene el tema
desde décadas atrás y en los últimos años a la facilidad de hacer virales los
hechos por medio de redes sociales o de utilizarlos para fines
propagandísticos.
Educación para el odio
Cuando se plantea un factor adicional al
uso mediático de los niños palestinos, se debe incorporar forzadamente el
elemento educativo. En el 2013, en un artículo de The New York Times, Fares
Akam y Jodi Rudoren dejaban en manifiesto la creación de libros de texto
editados por el grupo islamista que lidera la Franja de Gaza, donde se destacan
aspectos relacionados con la «resistencia» y además el llamado a liberar los
territorios actualmente bajo soberanía o administración israelíes.
Aun los recursos otorgados por la UNRWA son
utilizados en materia de adoctrinamiento hacia la resistencia. Un campamento de
verano dirigido a niños hace un llamado a las hostilidades palestinas contra
los israelíes, les prometen el retorno a Acre, Haifa, Jaffa, Jerusalem (Al
Quds) y otros. Hacen un llamado abierto a odiar a los judíos. En una crónica
realizada por Times of Israel una niña llamada Tayma manifestaba en 2013:
«Venceré a los judíos (…) son una pandilla de infieles y cristianos. A ellos no
les agrada Alá y no le adoran. Ellos nos odian…». Una de las principales
críticas a este tipo de actividades han puesto en entredicho la labor de UNRWA
que siendo una agencia de las Naciones Unidas no toma una posición neutral en
el conflicto entre israelíes y palestinos, lo que les ha valido un recorte en el
financiamiento recibido, principalmente a través de Estados Unidos, quien fue
hasta hace algunos años el mayor benefactor.
La inversión en educación hacia el odio
genera dos problemas fundamentales. Por un lado se conserva la formación de
nuevas generaciones que se encaminen al uso del terror para mantener activos
los enfrentamientos contra Israel; un camino alternativo y menos efectivo que
la beligerancia política, ya que los resultados son más nefastos para una
población que sufre entre el abandono de sus líderes y la dificultad para
llegar a un acuerdo con los israelíes.
El otro aspecto trascendental es que se
desperdician millones de dólares en invertir a la lucha armada, lo que no se
está destinando a desarrollo económico para beneficio de los palestinos,
complementado con todos los recursos malversados por los líderes en la Margen
Occidental, pero principalmente en Gaza, donde mientras resienten los impactos
del bloqueo, los bienes que logran entrar quedan controlados por las
agrupaciones islamistas y revendidas a cambio de someterse a los criterios del
liderazgo de turno.
En este último punto, mientras Israel
invierte un importante porcentaje de su PIB en educación, investigación e
innovación, por ejemplo según un informe realizado por el diario español La
Vanguardia, «Israel tiene entre 135 y 140 ingenieros por cada 10.000
trabajadores, siendo el país con más ingenieros per cápita laboral del mundo»,
ante lo cual se debe destacar que los palestinos desperdician recursos en la
lucha armada con resultados estériles poco efectivos, al mismo tiempo que mucha
de la ayuda internacional se dirige a funcionarios corruptos.
Mucho se habla de los castigos que provoca
la «ocupación israelí», poco se menciona la temática de la responsabilidad
interna palestina, enfocar todos los esfuerzos en acusar a Israel de ser el
único causante de las circunstancias vividas por los palestinos. Del mismo modo
que enfocar todo el asunto a un aspecto territorial resume de manera pobre las
intenciones de cambiar la realidad de esta población, ya que el llamado a
«liberar Palestina» que hacen los líderes no se trata de otro objetivo que no
sea destruir a Israel.
Lo mismo que no se puede
mencionar que el tema se solucione por la vía económica; aunque sí cambia mucho
la realidad, mientras en la Margen Occidental, la denominada «paz económica» ha
gestado algunos cambios significativos en las relaciones entre Israel y los
palestinos gobernados desde Ramala, las autoridades en Gaza han rechazado los
proyectos de inversión que podrían convertir este territorio en un nuevo
«Singapur de Oriente Medio». Las palabras de Mahmud Zahar, un alto cargo del
Hamás en Gaza, dijo: «Si quisiéramos convertir la Franja de Gaza en Singapur,
podríamos hacerlo nosotros mismos», ante lo que el círculo vicioso seguirá
empeñando por unos centavos las vidas de miles de palestinos en los territorios
en disputa